martes, mayo 31, 2005

Bloggers peregrinos y el "nuevo" periodismo

En un artículo publicado por José Claudio Escribano en La Nación, una polémica espinosa se ha abierto paso: si la capacidad de análisis y propuestas informativas nuevas están al alcance de los llamados bloggers. En el marco del Foro Mundial de Editores, llevado a cabo en Seúl, Corea, el periodista rescató algunas de las ideas que proponían, desde ambas orillas, la posibilidad de encontrarnos con un medio de difusión de información mucho más acucioso y valioso que los actuales emporios de comunicación, cada vez más presos de un servilismo mediático hacia sus gobiernos de turno; aunque las opiniones contrarias señalaban la necesidad de un establecimiento claro de las legislaciones con respecto al uso de información ajena en dichos bloggers.
Andrew Nachison, director de The Media Center, de Estados Unidos, dijo que el bloggism proponía algunas nuevas preguntas, como "¿De dónde viene el periodismo?" y "¿Quién va a pagar el periodismo?". Esto último fue una invitación a entrar en terreno minado, porque ya hay en Estados Unidos algunos juicios entablados por derechos de propiedad intelectual que podrían haberse violado por parte de sitios que se apoderan del contenido de diarios, de canales de televisión, de radios y de agencias informativas. La agencia France Press ha iniciado uno de esos juicios por apropiación indebida de material en cuya generación invierte fuertes sumas de dinero. Krishna Bharat, inspirador de Google News Creator, integrante del panel, dijo que su compañía no favorecía a ningún medio en relación con otros y que cumplía una función intermediaria, pero sin dar precisiones sobre si pagaba o no por derechos de reproducción de artículos.
Es decir, estos emporios, que gastan miles de dólares en sus "investigaciones" y dan información restringida de acuerdo a lo que más le convenga al gobernante cómplice, piden que no los pirateen. Interesante.
Habría que pensar, sin embargo, al margen de la polémica, en las virtudes evidentes de estos bloggers. Por ejemplo, la presión acerca de la "veracidad" de los hechos -noción también manipulable- obliga a los medios informativos y a la prensa en general a ser más acuciosa con la información y menos restringida: callar en estos casos pequeños detalles puede significar ser acusado de haber sido comprado o, en el mejor de los casos, de ser poco transparente. De otro lado, esta suerte de "máscara de la verdad" ha llevado a pensar que, si bien no son lobbies manipuladores los que tergiversan la información, sí es un lugar público predispuesto para el lance y el libelo. Al respecto, se señala en el artículo:
Hay que hacer un seguimiento serio de los bloggers , propuso Sussman en el panel. Los bloggers son en general periodistas aficionados; también se los llama "perros guardianes" o "periodistas de pie". Se llega a calificar de "generación de contenido" a lo que ellos hacen, pero esto con una intención un tanto perversa y para consumo de incautos. Sussman advierte que el seguimiento puede confirmar, o no, lo que muchos temen: que los bloggers sirvan de máscara presentable a lobbies renuentes a dar la cara. Sería un error, en cambio, pretender desacreditarlo todo, dice Sussman. "Nunca me pierdo -precisa- los comentarios de un blogger, profesor de economía de la Universidad del Sur de California, sobre el déficit fiscal de Estados Unidos, porque siempre aprendo algo nuevo.
En la medida en que el común de los ciudadanos participa de la utilización activa de un medio masivo de comunicación, crece la presión sobre la prensa convencional. La transmisión de partidos de fútbol, recordarán los cronistas deportivos, se hizo más exigente, sobre todo para los profesionales cortos de vista, cuando los hinchas comenzaron a concurrir a los estadios con radios portátiles y a cotejar lo que escuchaban con lo que ocurría en el campo de juego. La crisis que truncó poco tiempo atrás la carrera en la CBS de Don Rather no la provocó tanto el gobierno de Bush como la avalancha de bloggers que puntualizaron los errores de la información delicada que había echado al aire uno de los colaboradores del famoso periodista de la televisión norteamericana.
Lo único cierto hasta este punto es que existe un valor plural en el uso de bloggers y en su difusión. Y es en esa pluralidad en donde sus usuarios buscan refugiar sea sus intereses personales artísticos, periodísticos, exhibicionistas, vouyeristas, etc.; o sea sus intereses vinculados al denuesto, la patada bajo la mesa y la difamación pública. Todo ello, bajo la impunidad del blog, nueva herramienta informativa avalada por muchos y temida por muchos más.
¿Puede ser periodista cualquiera?"-se lee en el artículo de La Nación- Ya se había ido bastante lejos con eso de que "la confianza es la nueva confianza" que se logre acreditar en la inteligencia colectiva que se vaya acumulando en la red global, como para dar por contestada una pregunta de tamaña entidad. En última instancia, sí, periodista puede ser cualquiera, pero a condición de que esto sea entendido como afirmación de que todos nacemos con el derecho a la libertad de expresión y de que haya lugar para preguntar si cualquiera puede ser odontólogo y sentirse facultado a extraer las muelas del prójimo.
El avance de esta "nueva forma de periodismo", realmente, no distará mucho de la verdadera situación ya existente y predominante en los recursos de información: ¿es que acaso no existen ya medios abiertos y aceptados para la vejación, el maltrato, el vouyerismo e, incluso, espacios abiertos para los culturosos e intelectuales? La aparición de estos bloggers, y la discusión que han generado, han llevado al terreno personal lo que ya a nivel macro era pan de cada día: manipulación de la información, tergiversación con fines personales, ampliación de noticias restringidas al común, ilusión de expresión y reflejo en el espejo esquivo de nuestra sociedad. Papel en blanco para todos.

domingo, mayo 29, 2005

Un cuento ajeno...

Antes de abandonar la casa, volteó la mirada hacia la habitación. En silencio, divisó entre la obscuridad unos rostros semiocultos bajo las sábanas. Aún quedaban unos cuantos minutos. Los usó para enderezar un cuadro grande del salón y para pensar, mientras salía, en si las llamas se verían desde el camino, y qué tan alto.

domingo, mayo 15, 2005

Lara clonada



No, no es un comercial de Benneton. Son los nuevos hijitos de Lara, los cuales nacieron, extrañamente, 2 meses después de la visita de Tyson y Ludo. A pesar de las sospechas, Lara lo niega todo y bueno, cada quien sabe lo que su corazón guarda en lo más profundo. Sin embargo, Lara ha estado trayéndome en su hocico folletos de paternidad responsable. Y la asociación "Dignidad Zarai" me ha estado jode que te jode. Yo sigo diciendo que es número equivocado. ¿Cuánto más negaré lo que es obvio?
Posted by Hello

domingo, mayo 08, 2005

Los nadadores



Gracias a ti, Quark , un recuerdo que no sé si llamar triste, me ha venido a la mente. Cuando tenía apenas 12 años -edad terrible y bella a la vez, en la cual duelen mucho más las humillaciones-, competí en las olimpiadas internas de mi colegio representando a mi promoción.
El deporte era natación, y yo, que sabía nadar bastante bien, me aventé a la aventura y, literalmente, a la piscina. Recuerdo de ese día las caras eufóricas de mis amigos, las banderolas en las tribunas de la piscina de mi colegio, a mis porfesores expectantes, algunos con rostros sombríos. La atmósfera era de suspenso justo antes de mi esperada competencia: 50 mts. libre. Recuerdo que subí al podio para lanzarme, y una sensación de escalofrío a causa de la exhibición al estar allí, frente a todos, elevado sobre mis competidores y amigos, fue lo más nítido de ese día.
Varios años después, la broma siempre era la misma, y las variaciones, siempre matizadas con alguna nueva perspectiva, nunca dejaban de sorprenderme. Algunos de mis amigos, ahora ya viejos y medio panzones, con miradas de que la vida se escapa entre los dedos, afirman aún que pude haber ganado; que nadé con gran fuerza, que mi performance fue arrebatadora y mi tiempo fue excelente. No lo fue tanto como para haber podido ganar las olimpiadas generales, pero sí quizás para reanimar el alicaído puntaje de mi promoción. Estos amigos, siempre fieles, luego de afirmar estas cosas, siempre terminan riendo junto a los otros porque la realidad siempre es un contraste infeliz de lo que hubiéramos deseado.
Juro haber escuchado la partida. Juro haber nadado con toda la fuerza de la cual disponía en ese momento de tensión adolescente. Sé que casi me ahogo luego de la vuelta olímpica y admito que sospechaba ya algo extraño antes de llegar a los 40 metros, poco antes de finalizar la carrera. Lo que nunca pude saber con certeza fue lo estruendoso que había sido el intento por detenerme en la carrera por parte de esos amigos, porque ni bien me arrojé en una evidente partida falsa -de la que jamás me percaté-, nadé y nadé y el agua de esa piscina que nunca más he vuelto a ver era el único fondo que yo desaba para esa posible victoria. Victoria que nunca llegó, claro está. Pero sí la humillación al ser sacado de la piscina, la verguenza oculta mientras mis compañeros de promoción me explicaban con sumo detalle que quizás, de haber nadado así en la carrera oficial -para la cual ya no pude competir, ni quería tampoco-, habría podido ganar. El hecho se olvidó algunos meses después. Sin embargo, en esos nefastos reencuentros, siempre sale a la luz, aunque sea brevemente, la funesta anécdota.
En esos momentos, cuando mis amigos se han marchado ya a sus casas a sus vidas civiles y la historia tragicómica ha dado vueltas de nuevo de boca en boca, trato de recordar en qué pensaba ese día cuando nadaba desaforadamente intentando alcanzar una meta inexistente, una meta negada desde un inicio (por mi estúpida partida falsa) pero cuya negación yo no sospechaba. Trato de recordar, y siempre me desconcierta la notoria semejanza con la sensación de ahogo que me produce la escritura. Porque ante la página en blanco, me es fácil recordar ese escalofrío, la humillación posible al salir del agua, y sentir que la carrera, a la cual me entregué con ímpetu y en la cual he lo había dejado todo, nunca sirvió para nada.
Sin embargo, también recuerdo que esa vez yo sonreía bajo el agua. Sonreía -lo he descubierto algunos años después- porque sabía, después de cada férrea brazada, que nunca iba a poder ganar. Bajo ese manto de agua que habría de consolidar una de mis peores humillaciones juveniles, sonreía. Y ahora sé que es, simplemente, porque nunca antes había nadado mejor que en esa inservible carrera. Y solo a mí me importaba.
Posted by Hello